Quiero nadar en el mar de tu cuerpo, en el río interminable de tus sueños. Descubrir tu sonrisa subiendo por mi pecho hasta volverse beso, abrazo amor eterno y no despertar más.
Aquel mediodía de soles y cielos azules, de calles reverberando y parques ahogados de verano, de coches tirados por caballos en el casco viejo de Sevilla, por la antigua judería venía hacia mí sonriendo como si me conociera de siempre una mujer que era el resumen de la belleza del mundo.