Soy propietario de sesenta y cuatro a ñ os invertidos en vivir, de un par de fracasos estruendosos, del recuerdo de amores de esos que todo lo cambian, de mil favores que tanta gente me ha hecho sin pedir nada a cambio, de una memoria que no olvida, de infinidad de lecturas, de charlas inolvidables, del gusto por las fresas y el aguacate, de una soledad tímida que me acompa ñ a en silencio a todas partes, de un amor imperecedero por una mujer que me conoce de siempre, de un monedero de cuero que me hace feliz cada vez que lo abro, de un reloj barato y perfecto, de muchas camisas azules, de un rostro lleno de arrugas y de una barba blanca, de una amistad para siempre, de una risa incansable, de tres chistes bobos, de la alegría de la juventud que se quedó a vivir en la playa de San Luis, de la bella sonrisa de algunas mujeres que se cruzaron conmigo por un instante y de esta inexplicable tristeza tuya que v...