Es imposible no buscarla en la multitud, no pensarla, no soñar con ella cada noche, no querer estar con ella. Imposible no escribir de ella, hacer algo que no hable de ella. No amarla me es imposible.
Sé feliz cuando pienses en mí, sé feliz cuando me hayas olvidado, vida mía, sigamos el viaje, busquemos incansables Ítaca, qué bellas suenan hoy esas promesas que nos hicimos y que quedaron detenidas en ese lejano verano en la arena ardiente de la playa de Deauville cuando todo era cielo, sol, playa, mar y amor hasta altas olas de la noche.