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Mostrando entradas de febrero, 2020

Los años que fui

Han pasado siete inviernos con sus soledades, eternos silencios y la nostalgia de lo que ya no es. No se han ido la risa, el amor, el baile, los veranos inolvidables y una mirada, su mirada. Llueve la vida sin contemplaciones, sin misericordia, sin descanso. Me empapa de los a ñ os que fui, que se fueron con ella y los que vinieron después de ella. Llueve, siempre llueve sobre mí mientras pienso en ella y entonces sí que llueve el pasado como una tormenta con cada semana, cada día, cada hora y minuto en que ella no está. Y solo puedo pensar: tanto tiempo perdido, tanto invierno, tanta soledad y aún hoy me despierto de los sue ñ os sabiendo que un día habrá otra primavera.

El tiempo se va

Se va, el tiempo se va y se lleva los días interminables, las tardes felices de otros tiempos, la risa contagiosa de la infancia, los bailes del verano, los amigos de siempre y los sueños los desdibuja. Solo queda su nombre que aún hoy me recuerda al amor. Se desvanece la vida con el tiempo que pasa, que no cesa de irse, que se escapa de mis manos. El tiempo huye con ella, con lo que me queda de ella, con los bellos recuerdos, con su nombre en silencio. Se acaba, la vida se acaba y no puedo evitarlo.

Mi vida

Mi vida que ha atravesado conmigo las alegrías, los sinsabores, los éxitos y las dudas, esta vida, compañera mía, con quien he cruzado el tiempo tomados de la mano, desandado caminos y libros, amores y más amores, la dicha de vivir y la agonía de sufrir, en busca de mi destino, la he visto hoy en el espejo y ha envejecido como yo. Solo sé   que esta vida mía, leal hasta la muerte, siempre ha querido ser como yo.

Olvidar

Llevo en mí la urgencia de extraviarme en otros recuerdos, de olvidar, de dejar que esta ausencia termine, de volar hacia otros cielos, hacia otros sue ñ os donde vivir.

Las cartas de la vida

Jugué las cartas de mi vida sin dejar de ser leal con los demás. No me traicioné. No siempre fui yo. Hubo momentos de duda, de miedo, de angustia, de dolor y de tristeza. Jugué las cartas de mi vida como mejor sabía. Lo bueno y lo malo que me sucedió es lo que fui, lo que soy y lo que seré mientras viva. Jugué las cartas del amor y todo me fue dado y luego lo perdí...lo perdí todo. El amor me amó y luego partió. Jugué las cartas del amor dejando que el corazón decidiera. Conocí la felicidad y la tristeza amaneció muchas veces conmigo. Jugué mis cartas y le aposté a la vida. Miro atrás y veo que el olvido me sigue, y que voy hacia él. Un día se acabará el juego y nos encontraremos.

Soy el último otoño

Me recojo en los sueños mientras regresa la primavera. Soy el último oto ñ o de un hombre que vivió muchos veranos y enamoró a las más bellas mujeres, pero ella no supo que fue la única que amé.

No fui ni príncipe ni destino

He comprendido al fin que no fui para ella príncipe ni destino, solo instante, refugio de la soledad, estación para olvidar la tristeza. Entendí que el amor a veces es bello y efímero y me he despertado de todas mis mentiras.

Seguiré el camino

Seguiré el camino, andaré la vida, dejaré que cada minuto la espere, la piense, la sue ñ e. Seguiré con ella, andaré el camino, dejaré que la vida caiga como lluvia en primavera sobre mi alma. Seguiré viviendo, andaré sereno, tranquilo, la so ñ aré, quizá me amarán, esperaré un milagro. Seguiré en el camino, aunque no esté a mi lado, ni sue ñ e que me sue ña , seguiré el camino con ella.

Caer en cuenta

Hubo algo magnífico, algo único, algo maravilloso en ese instante en que cayó en cuenta de que toda su vida era un fracaso, que nunca conocería otro mundo, ni viviría experiencias distintas a las que están destinadas a los fracasados, a esos que lo intentaron una y otra vez y jamás lo lograron. Por primera vez sintió que el mundo no se derrumbaba a su alrededor. Al contrario, sobre las ruinas de su vida resplandecía un gran sol y la luz descubrió detrás de las sombras ese mundo que él solo conocía. Sintió que no era esclavo del destino, sino due ñ o de esa verdad, de ese momento de libertad al reconocerse tal y como era.

Saberse acá

Saberse acá después de a ñ os de desandar caminos cruzar sue ñ os y despertar amores en los ojos de mujeres ya sin rostro, sin nada que les de vida. Estar aquí en medio del mundo en una calle sin nombre ni propietario sin casas entre los escombros que ha acumulado el tiempo y no saber para qué he vivido, para qué me levantaré ma ñ ana temprano le sonreiré a la vida y seguiré mi descenso al infierno.

Un instante de su mirada

Ese instante en que su mirada  se detuvo en mis ojos para ya nunca olvidarme, como si sus labios hubieran pronunciado besos en mi cuerpo, o sus manos hubieran convertido mi piel en una enredadera de caricias. Ese instante en que vi en sus ojos el paraíso perdido, la tierra prometida. Por ese momento valió la pena esperar la vida entera.