Ese manojo de desconciertos, de olvidos en las esquinas de calles que no suceden, de soledades que ya ni saben que están solas, de disfraces vestidos de personas, de palabras arrumadas en los rincones de los días, de horas muertas que no fueron enterradas, que nadie llora ni recuerda, de malas intenciones y venganzas jamás cumplidas, de nombres de mujeres en cada uno de mis bolsillos y este caminar mío siempre sin rumbo, sin razón, sin ganas, sin nada distinto a atravesar la lluvia ciega de las edades torrenciales del agua para encontrarme con la sabiduría de alguien que lee y hace y deshace poemas por los balcones que se asoman a su alma, de cada intento mío por ser yo, o ser otro o siquiera por ser, es la luz de esa otra nada que se rompe de repente y me hace creer que existo, que soy el juguete amado del destino y que todos los dioses que no saben que lo son fueron hechos a imagen y semejanza de esa mujer que sin h...