Declaración de amor a esa mujer que no existe


Ese manojo de desconciertos,
de olvidos en las esquinas de calles
que no suceden,
de soledades que ya ni saben que están solas,
de disfraces vestidos de personas,
de palabras arrumadas
en los rincones de los días,
de horas muertas que no fueron enterradas,
que nadie llora ni recuerda,
de malas intenciones y venganzas jamás cumplidas,
de nombres de mujeres
en cada uno de mis bolsillos
y este caminar mío
siempre sin rumbo, sin razón,
sin ganas, sin nada distinto
a atravesar la lluvia ciega
de las edades torrenciales del agua
para encontrarme
con la sabiduría de alguien
que lee y hace y deshace poemas
por los balcones
que se asoman a su alma,
de cada intento mío por ser yo,
o ser otro o siquiera por ser,
es la luz de esa otra nada
que se rompe de repente
y me hace creer que existo,
que soy el juguete amado del destino
y que todos los dioses
que no saben que lo son
fueron hechos a imagen y semejanza
de esa mujer
que sin haber existido nunca aún me ama.

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