Me daba la mano


Me daba la mano
y era como si la dicha
que nunca había conocido
fuera 
mi compañera de siempre.
Era otro
el que me habitaba
aunque
era yo, el de siempre,
quien la amaba.
Me daba un beso
y era como si
no hubiera hecho
nada distinto en mi vida.
Era yo
otro el que se despertaba
a sus ojos
y era mi amor
por ella
un río
que la buscaba
por la casa,
por los sueños,
por la noche.
Cuando hablaba de amor
era un amor
que no había vivido,
que ella
no había sentido,
un amor
que nos devolvía el beso,
la caricia,
la esquiva primavera.
Me daba la mano
y yo era ese otro
que había esperado la vida entera.

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