Los Hamptons


Cada uno,
cada día, a cada instante
luchando
contra sus demonios,
la oscuridad de la memoria,
ocultando su miedo y la ira de los que viven
en las tinieblas
y tienen fuego en los ojos.
Cada uno en su infierno
angustiado creyendo
que en el averno de los otros
hay menos tinieblas.
Cada uno, cada día,
en medio de las llamas,
del humo de un cigarro
y de los grises ojos de la tristeza,
al mirarse en el espejo ve un demonio.
Y en medio del fuego eterno
aún tenemos tiempo
para tomarnos una copa fría
de ginebra con un twist de limón
como si fuera una tarde soleada de verano
y estuviéramos en los Hamptons
mientras esperamos
el fin del mundo
como cada día, como cada instante,
como siempre.

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