Me gustan las estaciones cuando llegan los colores del oto ñ o este noviembre frío y hermoso que tirita afuera la poesía siempre las charlas mientras comemos el canto de ella cuando algo la divierte el olor del café el sonido del chelo la música y los coros la lectura las caminadas y el Rin. Me gusta tanto la vida que no entiendo por qué hay en mí una tristeza que aún te extra ñ a.
Mi vida que ha atravesado conmigo las alegrías, los sinsabores, los éxitos y las dudas, esta vida, compañera mía, con quien he cruzado el tiempo tomados de la mano, desandado caminos y libros, amores y más amores, la dicha de vivir y la agonía de sufrir, en busca de mi destino, la he visto hoy en el espejo y ha envejecido como yo. Solo sé que esta vida mía, leal hasta la muerte, siempre ha querido ser como yo.
Han pasado siete inviernos con sus soledades, eternos silencios y la nostalgia de lo que ya no es. No se han ido la risa, el amor, el baile, los veranos inolvidables y una mirada, su mirada. Llueve la vida sin contemplaciones, sin misericordia, sin descanso. Me empapa de los a ñ os que fui, que se fueron con ella y los que vinieron después de ella. Llueve, siempre llueve sobre mí mientras pienso en ella y entonces sí que llueve el pasado como una tormenta con cada semana, cada día, cada hora y minuto en que ella no está. Y solo puedo pensar: tanto tiempo perdido, tanto invierno, tanta soledad y aún hoy me despierto de los sue ñ os sabiendo que un día habrá otra primavera.
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